domingo, 12 de febrero de 2017

Jurate Rosales no tiene cuentas online, pero merece ser leida por todos

El encontronazo de dos mundos

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Jurate Rosales (12 de febrero, 2017) La esperada reestructuración de la Mesa de Unidad Democrática, dejó claro al anunciarse, que si bien Chúo Torrealba sigue siendo quien la dirige, al honesto dirigente no le fue posible incluir en la junta para esa labor figuras de alto calibre político. Esto ocurre precisamente cuando más se necesita unidad y fuerza para contrarrestar las imposibles de cumplir condiciones de “revalidación”, que quiere imponer el  Consejo Nacional Electoral a los partidos políticos y que de hecho, equivalen no a borrar los partidos, sino a la MUD. Con ello el gobierno intenta destruir el principal obstáculo que encontró para ejercer un poder total.
El gobierno golpea a la MUD aprovechando su hora baja y sus recientes derrotas. Nadie hubiera creído en enero del 2016, año iniciado con la entrada en el Palacio Legislativo de una mayoría de 2/3 de la oposición, que en los próximos 12 meses, pese a la dirección de una personalidad con la veteranía, capacidad  y talante de Henry Ramos Allup, el balance no arrojará ni una sola victoria importante para los que recibieron el mayoritario mandato popular, bajo la promesa de cambiar el rumbo del país. Se perdió el Referendo Revocatorio, no se activó la elección de gobernadores, no se renovaron las dos rectoras del CNE que tenían su período vencido y hasta se perdió la mayoría calificada al aceptar la desincorporación de los diputados del estado Amazonas, dejando además a un estado de la república sin representación legislativa a lo largo de todo un año.
¿Quién tiene la culpa? La calle estaba lista para seguir las instrucciones de la MUD, cuando las presiones internacionales movidas por su propio interés de “no desestabilizar” la región y esgrimiendo el argumento (válido, por cierto) de no exponer vidas humanas, frenaron un impulso que hubiera sido nacional. En lo interno, dos personas que no pertenecen a la Asamblea Nacional y por lo tanto, han sido factores externos a ella, actuaron quizás de buena fe, pero con notables errores de cálculo político.
El esfuerzo de Henrique Capriles que nos convenció a todos de obviar el tema inmediato de elecciones de gobernadores para dirigirnos a luchar por el Referendo Revocatorio, terminó dejando a la oposición sin el chivo y sin el mecate. Nadie, salvo Nicolás Maduro y su gente, pensó que el Referendo Revocatorio padecía de una debilidad inicial: bastaba demorarlo con la ayuda del Consejo Nacional Electoral (el CNE), para que perdiera su capacidad de cambiar al presidente. Maduro la tuvo “de bombita”.
Un error de muchas consecuencias, sigue siendo el de otro ex candidato presidencial, mi tocayo Manuel Rosales. Su gente, al faltar al quorum en la AN, fue la que impidió que se diera la pelea para elegir dos nuevos rectores del CNE. Fue perdida la posibilidad para la oposición,  no digo de elegir, sino por lo menos cuestionar la legitimidad del actual CNE. La decisión de celebrar elecciones  quedó en manos de quienes pueden decidir cuándo las celebra, o si prefieren no celebrarlas del todo. Desde el momento en que  se pierden las reglas del juego electoral, como ya se han perdido las de la fecha de elecciones de gobernadores que la Constitución exigía celebrar en el 2016, se deja puerta abierta para cualquier componenda conveniente al gobierno, vía CNE.
Lo más grave en este momento, es que el único y verdadero adversario que el gobierno teme, que es la conjunción de una monolítica MUD con la gente en la calle, está curando las heridas tras un año de derrotas políticas.

El fondo del problema

Pese a 18 años de experiencia con un gobierno calcado en el modelo cubano, – como el propio Hugo Chávez lo definió cada vez que mencionaba  el ejemplo del “mar de la felicidad” cubana -, la imposibilidad de comprender el fondo del sistema que gobierna en Venezuela sigue afectando a muchos líderes de la oposición.
Se trata de dos sistemas de naturaleza tan distinta, que ninguno puede ni podrá  compaginar con el otro. Las circunstancias que moldearon el sistema cubano a partir del momento en que el joven hermano de Fidel Castro, Raúl, recibió clases en la Unión Soviética y volvió a Cuba para trabajar en la instauración, asesorada por agentes de la KGB soviética, del aparato policial cubano, crearon la diferencia básica del gobierno de Cuba con el resto de América Latina.
Entretanto, mientras Fidel Castro aplicaba para eternizarse en el poder la franquicia perfeccionada por Stalin, en el resto de América Latina, las dictaduras militares que en un momento dado conformaron la alianza de las espadas, creaban una matriz de opinión que compadecía a la juventud que se les oponía bajo diversas banderas de la izquierda.
La señal, diríamos gráfica, de esa incomprensión de diferencias básicas,  la vi en TV durante la visita del papa Francisco a Bolivia, cuando Evo Morales le regaló un símbolo religioso esculpido en la época de la Iglesia de la Teología de la Liberación. Representaba una cruz en forma de hoz y martillo. La tranquilidad con la que el Papa recibió el regalo y el solo pensamiento de la repulsa que cualquier ciudadano de Europa oriental hubiera manifestado en ese momento, me permitió medir el foso que separa la psicología latinoamericana de la comunista exsoviética. El clero latinoamericano, principalmente los jesuitas, han tenido una época en que asimilaban las enseñanzas de Cristo con las del comunismo teórico. Francisco es un producto de esa época y lugar. Vio los horrores de persecución, torturas y matanzas, con la etiqueta invertida: el comunista torturador de allá, era el comunista víctima de acá.
El clero europeo, que vivió en carne propia el asesinato institucionalizado de curas y monjas, o su exterminio en campos de concentración soviéticos, que tuvo sus cardenales en Polonia y Hungría presos o asilados, tuvo en aquel momento su máximo exponente en el Papa Vojtyla, Juan Pablo II, quien dedicó su vida a vencer el comunismo, asesino de millones de víctimas en toda Europa oriental.
De modo más cercano a Venezuela, nunca olvidaré que vi en los años 50 y 60, – después de haber vivido los horrores de un sistema de torturas y ejecuciones, con la mitad de mi familia decimada y desaparecida en las cárceles soviéticas -, la ingenuidad de los comunistas venezolanos que sinceramente creían que luchaban por un mejor futuro, mientras cavaban la fosa de su nación. De allí, veo que sigue siendo permanente la ingenuidad creada durante los años de la pacificación iniciada por Rafael Caldera e incluso agenciada por el cardenal Quintero, bajo una mentalidad que se rige con preceptos democráticos, donde las elecciones, el respeto por el voto y la separación de Poderes, están por encima de cualquier duda o cuestionamiento.
Hoy en día, desde hace 18 años, coliden en Venezuela las dos visiones del mundo, siendo a mi juicio lo que más ha creado el ambiente de diálogo de sordos entre gobierno y oposición. Veo a diario, que ninguno entiende el lenguaje del otro.

¿Aprenderán ambas partes?

Si bien la MUD no parece lograr la prometida “reestructura”, el peligro creado por las exigencias del CNE que de hecho equivalen en la destrucción de los partidos y de la propia MUD, la hizo reaccionar.
El Comunicado del 8 de febrero 2017 elaborado por la MUD empieza con las palabras “Venezuela no es Cuba ni Nicaragua”, lo que permite albergar esperanzas de un despertar.
Dice el comunicado que “Ante las ilegales e inconstitucionales normas para el proceso de relegitimación de los partidos políticos, anunciadas con inconsulta nocturnidad por la mayoría pesuvista del directorio del Consejo Nacional Electoral ayer 7 de febrero de 2017, la Mesa de la Unidad Democrática, representante fiel de la determinante mayoría del pueblo venezolano, fija posición”. Básicamente, se trata de no aceptar ninguna de las normas que para “legitimar los partidos” fija el CNE.
El problema es que no son los partidos, sino la MUD – conformada por los partidos – la que está en peligro y con ella, todo lo que queda todavía en Venezuela, de una voluntad nacional que se niega a dejar de ser una democracia.

@enpaiszeta  

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