jueves, 30 de marzo de 2017

"La hora de la Verdad" por Rafael Poleo

Todo tiene su tiempo. Ayer, la calle hubiera sido un error. Hoy es indispensable, imperativa, ineludible. Convocar es una formalidad. Se producirá sola y llegará para quedarse. Y la primera posibilidad es que conduzca a la recuperación de la democracia y la libertad.
Maduro se precipitó al decretar la dictadura. Esperaba que la OEA le diera de una vez un solo palo y disparó el dispositivo máximo, renunciando al ancho margen de maniobra que todavía le quedaba. Ahora la confrontación se plantea en un terreno totalmente desfavorable para él. Ha aportado las pruebas de que Almagro tiene razón. Si alguien dudaba o fingía dudar que Maduro es un dictador, ya dejó de dudar o no puede fingirlo. Los Estados artificiales del Caribe ya no pueden negarse a la presión de los Estados propiamente tales que les exigen alinearse con la democracia o morirse de hambre. En la región, a Maduro sólo le quedarán Castro, que por debajo de la mesa lo está vendiendo a Trump y a la Unión Europea (quién da más), Ortega, un megamillonario que no oculta su decisión de adherirse al capitalismo y (el moribundo) Evo, que está durmiendo en la cama donde murió Chávez (a quién se le ocurre). Entre los tres no valen lo que Colombia, por mencionar a alguien.
Como desde hace años venimos diciendo, es el momento en que los militares decidirán si correrá la sangre por cuenta de ellos el tránsito será incruento. Lo del narcotráfico puede arreglarse, lo de unos muertos no.

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