Robert Redford (81 años) y Jane Fonda (79), mejores que nunca.

No se pierdan la película "Our Souls at Night", puede verla o bajarla en:

Lea aquí las primeras páginas de la novela que la inspiró, escrita por Kent Haruf (2015). 


CAPÍTULO 1 - Y hubo el día en que Addie Moore visitó a Louis Waters. Fue una tarde de mayo antes de la oscuridad completa.
Vivían a una cuadra de distancia en Cedar Street, en la parte más antigua de la ciudad, con olmos y matorrales, un solo arce crecido a lo largo de la acera y césped verde entre la acera y las casas de dos pisos.
Había sido cálido en el día, pero se había el frío se había apagado en la noche. Ella fue por la acera bajo los árboles y entró a la casa de Luis.
Cuando Louis llegó a la puerta, dijo:
- ¿Puedo entrar y hablar con usted acerca de algo?
Se sentaron en la sala.
- ¿Puedo conseguirle algo de beber? ¿Un poco de té?
- No gracias. Puede que no esté aquí el tiempo suficiente para beberlo. Ella miró a su alrededor. Su casa se vía bien.
- Diane siempre tenía la casa bonita. Todavía se ve bien, dijo. No he estado aquí por años.
Miró por las ventanas del patio donde la noche se estaba instalando dentro y fuera en la cocina, donde había una luz que brillaba sobre el fregadero y los mostradores. Todo aparecía limpio y ordenado. Él la estaba observando. Ella
Era una mujer guapa, siempre lo había pensado. Había tenido el pelo oscuro cuando joven, pero ahora era blanco y corto. Todavía estaba bien formada, sólo una poco gruesa en la cintura y las caderas.
- Probablemente usted se pregunta ¿Qué estoy haciendo yo aquí?, dijo.
- Bueno, no pensé que vinieras a decirme que mi casa se ve bien.
- No. Quiero proponerle algo.
- ¿Oh?
- Sí. Una especie de propuesta.
- Bueno.
- No es matrimonio, dijo.
- Yo tampoco pensé eso.
- Pero es una propuesta parecida al matrimonio. Pero yo no sé si puedo ahora, se me están enfriando los pies.
Ella rio un poco.
- Es como un matrimonio, ¿no?
- ¿Qué es?
- Pies fríos.
- Puede ser.
- Sí. Bueno, lo voy a decir.
Estoy escuchando, dijo Louis.
- Me pregunto si considerarías venir a mi casa a veces a dormir conmigo.
- ¿Qué? ¿A qué se refiere?
- Quiero decir que estamos solos. Hemos estado solos por
demasiado tiempo, años.
- También estoy solo.
- Me pregunto si vendrías a dormir en la noche
conmigo. Y hablar.
Él la miró, observándola, curioso ahora, cauteloso.
- No dices nada. 
- Me has quitado el aliento. Supongo que lo has hecho.
- No estoy hablando de sexo.
- Me preguntaba.
- No, no el sexo. No lo estoy viendo de esa manera. Creo he perdido todo impulso sexual hace mucho tiempo. Estoy hablando
sobre pasar la noche, acostados y caliente en una cama, cómodamente. Acostado en la cama juntos y te quedas por la noche. Las noches son las peores. No ¿Crees?
- Sí. Creo que sí.
-Termino tomando píldoras para ir a dormir y leer también
tarde y luego me siento atontado al día siguiente. No sirve para nada yo o cualquier otra persona.
- Yo también lo he padecido.
- Pero creo que podría dormir de nuevo si hay algún alma en la noche en la cama conmigo. Alguien agradable. La cercanía. Hablar en la noche, en la oscuridad.
Ella esperó.
- ¿Qué piensas?
- No lo sé. ¿Cuándo quieres empezar?
-Cuando tú quieras. Si, dijo, quieres. Esta semana.
- Déjame pensar en ello.
- Todo bien. Pero quiero que me llames el día que eso sucederá. Así que sabré esperar.
- Bien.
- Estaré esperando para saber de usted.
- ¿Qué pasa si ronco?
- Entonces usted roncará, o usted aprenderá a dejar de fumar.
Él rio.
-Eso sería lo primero.
Se levantó y salió y regresó a su casa, y él se paró en la puerta y la miraba, de mediano tamaño, mujer de setenta años con el pelo blanco a pie debajo de los árboles en los parches de luz arrojados por la lámpara de calle de la esquina.
- Qué demonios, dijo. Ahora no te adelantes.

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